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El juego de los PITONES

Enviado por martesytrece el 27/01/2012 a las 4:38

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Anoche, no sé por qué regla de tres directa o inversa, me dio por pensar en viejos tiempos pasados -ni mejores ni peores, pasados-, en los tiempos de mi niñez, en los juegos que hacíamos, diametralmente opuestos a los que puedan hacerse hoy en día por crios de igual edad a la que tenía yo entonces.

Y recordando, recordando...comencé a recordar mis partidas de pitones, de canicas como dicen algunos, y recordé el mil veces jugado "Juego de los pitones", ese de "chiva, pie, tute, retute y guá"

Lo jugábamos por parejas o en grupos. Tanto de una como de la otra forma, las reglas y el modo de funcionar era el mismo: Retabas a un compañero a una partida de pitones. Aceptaba. Con el talón del pie o con la mano se hacía un pequeño agujero o "guá" en el suelo y comenzaba el mismo. Normalmente se hacía a "tres sets", por decirlo de alguna manera que todos entiendan.

El primero que completaba los CUATRO golpes al pitón contrario y la introducción final del pitón en el agujero o "guá", había ganado UN SET. Y el primero que llegaba a TRES, ganaba lo apostado, normalmente uno o dos pitones que tenía que entregar el "perdedor" al "ganador".

El primer golpe que daba uno al pitón del contrario, se llamaba "chiva", y al conseguirlo, se decía en voz alta para que el otro se fuera "acojonando". Si fallabas el "tiro" y no golpeabas al pitón del contrario, perdías la vez y entonces tiraba el otro compañero.

El segundo golpe se llamaba "pie", y al darlo, la distancia que tenía que quedar entre ambos pitones era la equivalente a la medida del pie del que había golpeado, de lo contrario no era válido el golpe.

El tercero era el "tute"; el cuarto, "retute", y con este golpe, el que golpeaba tenía que intentar dejar al pitón oponente lo más lejos del "gua" posible, para imposibilitarle o dificultarle el acceso al "guá", caso de que fueran empates.

Y el quinto y último era tratar de introducir el pitón en el "guá", desde donde estuvieses.

El primero que llegara a TRES, ganaba el juego y lo apostado.

Había algunos compañeros que eran unos verdaderos artistas destrozando a sus enemigos y ganando pitones, pitones que lucían en unas bolsas y que presumian de mostrar a todos indicando, con su exhibicionismo, lo peligroso que resultaba enfrentarse a ellos.

Ha habido un momento en el que me he visto, ahora, en el pasillo de mi casa, jugando con uno de aquellos amigos de la infancia al juego de los pitones, al "chiva, pie, tute, retute y guá", y ha comenzado a ponerse todo en blanco y negro y lleno de niños con pantaloncitos cortos a mi alrededor, acuclillados, disfrutando del juego y animando a uno y a otro, sin pensar en nada más que no fuera el rodar y golpear de los pitones entre sí, dando vueltas sobre la tierra pisada.

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